“El voluntariado es una actividad que deja huella”

En Grup ATRA tenemos la inmensa suerte de contar con la colaboración de personas voluntarias que, de forma altruista, dedican una parte de su tiempo a compartirlo con las personas que atendemos. Los voluntarios y las voluntarias son una pieza fundamental para nuestra entidad y un valor añadido en todos nuestros programas y servicios. Hoy entrevistamos a Josep Maria Cabra, voluntario desde hace 8 años del huerto de la Comunidad Terapéutica Can Serra y del Centro de Día ATART.

¿Nos podrías explicar tu vivencia como voluntario a Grup ATRA-ATART y qué te llevó a implicarte en este voluntariado?

Llegué a la entidad a través de dos trabajadoras del momento que estaban en la Comunidad Terapéutica Can Serra, con quien tenía una relación de amistad, y que decidieron ofrecerme la confianza de probarlo. Bien es verdad que me puse a colaborar en el huerto sin saber casi nada, pero la ilusión y el tiempo hicieron que fuera aprendiendo. También con la propia colaboración de los usuarios del centro, algunos de los cuales sabían mucho y de los cuales también aprendí. Al principio estuve yendo tres veces por semana, pero después me salieron otros compromisos e iba una vez por semana. En total colaboré ocho años. Después estuve un año en el Centro de Día ATART donde llevaba un taller de sueños que fue muy bonito y productivo hasta que llegó la pandemia y nos obligó a pararlo.

¿Cuáles crees que son los beneficios y las ventajas, así como los inconvenientes, de ser voluntario? ¿Con qué retos se encuentra la persona voluntaria?

Yo diría que es una actividad que deja huella, es una experiencia que la vives y que no pasa de largo. Para mí, lo más importante es la actitud con que la persona voluntaria se coge la tarea del voluntariado. Creo que tiene que ser una actitud abierta, predispuesta, y cuando vas con esta actitud a un lugar, solo te pueden pasar cosas buenas y bonitas y aprovechas mucho más lo que hay.

Debo decir que el colectivo de personas drogodependientes no era del todo desconocido para mí, puesto que hice las prácticas de la carrera de psicología en el CAS de Olot. Si bien es verdad que durante la actividad de huerta, siempre había momentos en los cuales los residentes expresaban aquello que les pasaba en aquel momento, lo que les pasaba en la relación con los otros residentes o lo que les había pasado en las salidas del centro y podía dar mi opinión, que habitualmente era bienvenida y agradecida. También tengo la sensación que cuando entré, los usuarios estaban menos deteriorados a nivel cognitivo que cuando terminé en la comunidad. Pero quizás solo es una percepción.

Además, me gustó mucho que, como persona voluntaria, durante una época se me permitía participar de las reuniones semanales del equipo y esto me hizo sentir parte del equipo y una pieza más del engranaje de la comunidad, quizás no la más importante, pero sí una más.

¿Por qué motivo recomendarías a alguien hacer voluntariado? ¿Qué aprendizajes te llevas?

Yo recomendaría hacer un voluntariado fundamentalmente por el reto a nivel personal que representa. Pero haciéndolo y entendiéndolo, sobre todo, como reto y aprendizaje. Se tiene que ser atrevido. La verdad, es que tuve la suerte de poderme jubilar muy joven, a los 53 años y esto me permitió poder dedicarme a quehaceres que, trabajando, no me hubiera podido permitir. Y este hecho me posibilitó abrir la mente y el corazón a otras actividades las cuales no me hubiera planteado nunca. El contacto con la gente con problemas graves implica, quizás, un grado más de responsabilidad pero también acaba siendo más rico. Creo que es mejor tres días en la semana que uno, puesto que puedes hacer más vínculo con las personas usuarias.

De aprendizajes me llevo un montón, la verdad. Ocho años dan para mucho y muy variado. Quizás el más importante es vivir una realidad diferente, que te hace dar cuenta de la diversidad entre aquellos que podrían parecer iguales y esto me ha llevado a evitar juicios sobre la actuación de los demás. Cada cual actúa desde realidades diferentes y yo juzgaría exclusivamente desde la mía, y me equivocaría y haría daño

¿Te has sentido acogido por la entidad?

La verdad es que sí, también porque enseguida entendí que había momentos en los cuales el equipo ya iba suficientemente agobiado cómo para que yo les pusiera más cargas o dificultades. Había días en los cuales la casa estaba revuelta y se notaba en el ambiente, días en los cuales el responsable del huerto en quién yo me apoyaba, no podía ir al huerto, días en los cuales me lo encontraba todo del revés. También me ayudó mucho saber que dentro del equipo tenía una persona de confianza en quien me podía apoyar.

¿Podrías definir la riqueza del voluntariado?

Seguramente ya lo he expresado en las preguntas anteriores. Destacaría principalmente todo aquello que yo me he llevado. Siempre miramos el voluntariado como lo que una persona (la voluntaria) hace por otra y quizás no se valora suficientemente lo que la persona voluntaria recibe en el decurso de su voluntariado y que para mí es lo que más aprecio cuando hago voluntariado. Yo ya había decidido hacer el voluntariado. Lo que no sabía era lo que esta tarea me aportaría a mí, y esto es lo que he ido recibiendo cada día y lo que me ha animado a seguir. Ahora mi voluntariado está dirigido a acompañar a personas aprovechando los mensajes de los sueños y cada día recibo nuevas lecciones. Por cierto, el primer taller de sueños que hice fue con los usuarios y usuarias de Can Serra y fue muy emotivo.

Fuente: ATRA