Coto a las tragaperras

“¡Avances! ¡1, 2, 3!”. Las máquinas tragaperras llevan 40 años movilizando a la parroquia de los bares españoles. Es difícil abstraerse de la matraca con voz metálica que se cuela sobre las conversaciones y el trajín de vasos y cucharas. Difícil desoír la llamada de la ludopatía. Durante décadas estas máquinas han sido un elemento castizo de la cultura popular, normalizando el juego como parte del ocio. Pero ahora están en entredicho. Valencia es pionera en su regulación. El Gobierno regional (socialistas, Compromís y Podem) ha pactado fijar una distancia de 850 metros entre bares donde haya tragaperras y centros educativos, sanitarios y recintos deportivos. Podem también pidió eliminar las máquinas de los bares en un plazo de 10 años, limitando las licencias, pero esta enmienda a la Ley del juego ha sido suavizada con una moratoria de cuatro años.

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